capitulo 1

Historia de la intubación endotraqueal

Cristina Solaz, Juan Soliveres, Gracia Barber.

Desde el primer siglo de nuestra era se conocían técnicas para examinar las cuerdas vocales. Se utilizaban superficies pulidas y la laringoscopia indirecta para estudiar las características anatómicas de la porción superior de las vías respiratorias.

En 1543, Andrés Vesalio fue el primero en describir la técnica de intubación traqueal y señaló la ventilación artificial de un animal con un tubo que introdujo en la tráquea. En 1705, Kite inventó un dispositivo que tenía que usarse en la reanimación de víctimas de ahogamiento, y era un tubo de metal curvo que se colocaba en la tráquea, por medio del tacto. En 1792, Curry describió la intubación endotraqueal humana guiada también por el tacto. Herholdt y Rafn, en 1796, describieron una técnica de intubación a ciegas en víctimas de ahogamiento. Consistía en unir la vía respiratoria a un tubo endotraqueal e intentar la reanimación boca a boca.

En el siglo pasado surgió la intubación nasotraqueal, descrita por Desault, en 1814. MacEwen, en 1878, fue el primero en hacer la intubación traqueal para administrar anestésicos por inhalación. Introdujo manualmente una sonda rígida a través de la boca y de ahí a la tráquea, y la colocó valiéndose del tacto como guía.

En esa época no se había creado la técnica de laringoscopia . Sin embargo, García en 1855, describió la valoración indirecta de la laringe y para ello se valió de un espéculo dental. Labordette, en 1866, inventó el espéculo para laringoscopia que permitía la revisión indirecta de las cuerdas vocales. La ventaja sobre el espéculo dental es que permitía desplazar la lengua del campo de visión, y así, se lograba una mejor imagen de la laringe.

El trabajo de O´Dwyer, en 1880, fue el que definitivamente contribuyó a difundir la técnica de intubación traqueal. En ese año señaló la práctica de dicho método para conservar el libre flujo de aire en pacientes que sufrían de obstrucción de la porción superior de vías respiratorias por difteria. Sin embargo, el tubo endotraqueal aún tenía que ser introducido por medio del tacto y no por un método que visualizara directamente la laringe.

En 1893, Eisenmenger fue uno de los primeros en utilizar manguitos en sondas endotraqueales. En 1905, Kuhn creó y aplicó muchos de los principios de administración de anestésicos generales por sondas endotraqueales, que aún se utilizan.

Jackson, entre 1909 y 1913, creó las técnicas de broncoscopia e introducción de sondas endotraqueales bajo visión directa de la laringe.

Janewey , en 1913, describió un laringoscopio accionado por baterías para la introducción de sondas endotraqueales. El aparato utilizaba una hoja curva y permitía la visualización directa de la laringe.

En 1940 Macintosh y Miller describieron la creación de hojas curvas y rectas del laringoscopio.

La técnica de laringoscopia directa ha tenido una enorme utilidad en más del 90% de los casos en que se aplica, pero existen situaciones en que es imposible utilizarla para visualizar la laringe. El problema ha hecho que se creen dos complementos de la laringoscopia directa que permiten al anestesiólogo mirar la laringe, y que no requieren de la visualización en línea recta.

En 1956, Siker inventó y estudió el laringoscopio con espejo que lleva su nombre. La hoja consiste en tres partes con un espejo en la porción media. Se introducía en la boca por la técnica estándar, pero en vez de mirar directamente la laringe, el anestesiólogo lo hacía a través del espejo, que le envía una imagen invertida.

Huffman realizó un estudio sobre la aplicación de prismas a hojas curvas de laringospio. A semejanza del aparato de Siker con espejos, su dispositivo permitía ver la laringe sin un enfoque en línea recta. Todos estos progresos fueron útiles y permitieron que el anestesista contase con otras formas de practicar la laringoscopia e intubación, pero no funcionaban en la totalidad de los casos, y obligaban a la introducción del laringoscopio en la cavidad bucal. Y es a partir de este momento y ante la necesidad de eludir la dificultad que a veces supone la introducción de la pala del laringoscopio en la boca del paciente, junto a la imposibilidad de la intubación orotraqueal, cuando los trabajos de investigación en este campo, se dirigen a la creación de aparatos fibroópticos.